VICENTE
VERDÚ. El País
La película se llama ¡Olvídate de mí!
y hasta el momento en que almorzamos con Juanjo Millás
no sabíamos nada de ella. Después, poco a poco,
ha comenzado a oírse la recomendación y hoy
empieza a ser chocante que el siguiente amigo no la haya visto
o no piense verla.
En Espasa se publicó hace un par de años un
libro titulado La frontera del éxito o The Tipping
Point donde se daba cuenta de un seleccionado número
de explosivos fenómenos comerciales que habían
provocado éxitos sorprendentes gracias al rumor. (...)
Las modas y sus fenómenos hay que experimentarlos en
su hora inaugural, como revelaciones o mensajes predilectos
que reciben sólo los elegidos. Pero, en estos momentos,
¿hacia dónde tirar? Las marcas han llegado a
un convencimiento tan firme de que lo importante no es tanto
la publicidad generalista como el consejo personal, el boca
a boca, que algunas de ellas emplean ya a pandillas o, incluso,
a actores, para que propaguen sus artículos, orientados
por agencias de marketing crecientemente especializadas en
la naturaleza del rumor.
Una empresa de este tipo para Internet es Electronic Artists
que tiene contratados a varias decenas de tastemakers o creadores
de gusto. Estos individuos pueden ser escogidos tanto entre
los responsables de clubes de fans o disc-jockeys, como entre
los editores de cartas de información on line, viciosos
de los videojuegos, los chat, etcétera, porque la red
se ha convertido, paradójicamente, en el medio más
directo para influir sobre los otros. Precisamente, según
un estudio de American On Line un 8% de los internautas inciden
eficazmente sobre los gustos y hábitos del 92 % restantes.(...)
Pero fuera de la red, en la supuesta realidad/real ocurre
algo bastante parecido. De acuerdo a un estudio de McKinsey
en 2001 el 67% de las ventas totales de consumo se producen
gracias a los consejos transmitidos entre personas. La gente
está harta del timo, la mentira y la martingala publicitaria
y supone que el vecino o el amigo puede ser más fiable.
De esta fe se valen agencias como Buzz Marketing o Big Fat
usando como materia prima a las personas de referencia. Unas
veces estas agencias siembran el rumor valiéndose de
líderes adolescentes o de patrullas que frecuentan
discotecas, centros comerciales o determinadas escuelas. Otras
provocan el rumor haciendo que actores, modelos, productores
de MTV, asistentes de estrellas o gentes con encanto, conduzcan
un determinado coche, usen una nueva cámara fotográfica
o empuñen un móvil de última generación
en lugares clave. (...)
Lo más peculiar de este fenómeno del rumor dirigido
es que los jóvenes eventualmente encargados por las
marcas de correr la voz no piden cobrar nada. Se conforman
con unas entradas para el concierto o un par de zapatillas.
Para ellos, el papel de pioneros les confiere una recompensa
en sí porque la tarea que desempeñan, lejos
de creerla subordina o banal, la consideran de un valor casi
mesiánico, equivalente a la predicación de un
nuevo mensaje dentro del universo donde la marca es Dios.
¿Algún problema? El problema con la estrategia
del boca a boca es que cada vez más productores de
artículos o servicios recurren a él y, como
consecuencia, llegará a sentirse como un enjambre de
mentiras. Por el momento, no obstante, funciona satisfactoriamente
porque el prójimo que parece susurrarnos nuestro bien,
constituye el máximo don, el medium ideal frente al
recelo de los media.
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